En nuestro mundo, el dolor es la reacción del organismo a un problema en el. Es la manera en que el organismo trata de decirnos que algo anda mal con nuestro cuerpo. Por ejemplo, el dolor nos advierte del peligro y nos hace tirar de nuestra parte fuera del fuego. El dolor nos obliga a avanzar, a acercarse a algo / alguien, o alejarse de ello, a cambiar nuestras cualidades, para adoptar nuevas opiniones, para hacer realidad el motivo por el dolor, para sacar conclusiones, y para avanzar a los nuevos estados.

De hecho, el dolor es la única fuerza que es capaz de afectar a nuestro egoísmo: cuando el dolor nos hace sentir mal, o cuando los demás se sienten mal, o cuando los demás se sienten bien. El dolor nos empuja desde atrás y nos obliga a desarrollarnos. El dolor de sentirse vacios nos impulsa hacia adelante, hacia el cumplimiento. El dolor es en todas partes! Todas nuestras sensaciones vienen de enfrentamientos, contacto, presión – o en otras palabras, desde el dolor. Sentimos placer sólo cuando es precedida por la dolorosa sensación de un deseo incumplido, el sufrimiento, o expectativa.

Sin embargo, cuando llegue el momento del egoísmo y se elevan sobre el Machsom, empezamos a darnos cuenta de que en vez de vivir nuestras vidas basada en la falta o ausencia, podemos vivir sobre la base de total satisfacción y plenitud. En lugar de basar todo en el dolor, podemos tener la perfección como nuestro punto de partida. En lugar de hacer las cosas lo hacemos porque necesitamos, podemos hacerlo por amor, sin necesidad de nada.

Se trata de un tipo completamente diferente de existencia, una actitud diferente para el mundo, a la gente, a ti mismo y, por supuesto – al Creador. Y cuando lo alcanzamos, el Creador se convierte inmediatamente revelado a nosotros, porque entonces llegamos a ser perfectos, al igual que él. Rav. Michael Laitman.